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Empusa pennata (Thunberg, 1815)


Empusa pennata (Thunberg, 1815)

Es un mantodeo de la familia Empusidae. Sus adultos miden normalmente entre 5 y 7 cm, aunque algunas hembras pueden llegar a los 8 cm. Es una auténtica maravilla del camuflaje. Tanto sus apéndices como su coloración le permiten pasar desapercibidos entre los tallos de la vegetación baja. Además sus movimientos simulan a la perfección los de un tallo mecido por la brisa. Una auténtica muestra de ingeniería evolutiva.

Presenta un gran apéndice sobre la cabeza, similar a un cuerno. Delante de este aparecen dos antenas que nos permiten distinguir entre machos y hembras: son filiformes en las hembras y plumosas en los machos.

Detalle de la cabeza de una hembra. Antenas filiformes.

Detalle de la cabeza de una hembra. Antenas filiformes.

El protórax es muy alargado y delgado, proporcionalmente más largo que en los demás mántidos ibéricos. Está dotado de dos patas especializadas para la caza. En estas patas las coxas están muy alargadas y entre los fémures y las tibias, ambos dentados, se forma una pinza para atrapar a sus presas. Los otros 2 pares de patas son muy alargadas, sin secciones especializadas, y están localizadas más abajo, en los segmentos torácicos medio (mesotórax) y posterior (metatórax) respectivamente. Los adultos tienen alas, las ninfas no. El par de alas membranosas, que les permiten volar, está cubierto por otro par de alas más toscas que tienen una función protectora.

A la  izquierda hembra adulta con alas. A la derecha ninfa sin alas.

A la izquierda hembra adulta con alas y abdomen recto. A la derecha ninfa sin alas y abdomen encorvado.

El abdomen adopta una posición curvada con el extremo caudal elevado en las ninfas. En los imagos el abdomen es recto. En la región anterolateral de cada segmento abdominal aparecen unas protuberancias características.

Detalle de los apéndices abdominales en una ninfa.

Detalle de los apéndices abdominales en una ninfa.

El color de los ejemplares varía entre tonos pajizos, marrones y verdes, dependiendo del entorno en que se encuentren.

Ejemplos de distintas tonalidades de los ejemplares de E. pennata

Ejemplos de distintas tonalidades de los ejemplares de E. pennata.

Es una especie muy extendida por nuestra comarca (mancha conquense) y si miramos cuidadosamente no es difícil encontrarla en parajes despejados con vegetación baja (hierba y matorral), casi en cualquier época del año. Tiene un ciclo vital de aproximadamente un año pero, a diferencia de otras especies de mantodeos, pasa el invierno como ninfa y no como huevo, intentándose resguardar del frío. Luego se desarrolla y aumenta su actividad una vez que aumentan las temperaturas. Alcanza la madurez en verano, periodo en el que tiene lugar el apareamiento. Para el apareamiento las hembras emiten unas feromonas que son captadas por las antenas plumosas de los machos. Éstos siguen el rastro en busca del origen de la señal hasta dar con la hembra. Una vez localizada, el macho tiene que ser muy cuidadoso pues la hembra puede devorarlo. Normalmente esto ocurre con menos frecuencia en esta especie que en otras especies de mantodeos. Para evitar ser devorado, el macho procura acercarse a la hembra por detrás; hasta conseguir copular con ella desde una posición muy retrasada, para mantenerse lejos del alcance de las patas anteriores de la hembra. Tras la cópula la hembra deposita los huevos en uno o varios estuches espumosos (ootecas) de no más de 1,5 cm de largo, de forma alargada y de color marrón. La espuma se endurece al contacto con el aire y proporciona protección a la puesta. De cada ooteca salen unas 30 ninfas. Estas intentarán sobrevivir al invierno y a los depredadores para, tras 6 mudas, alcanzar la madurez en el verano siguiente.

Pese a ser una especie termófila resiste bien las bajas temperaturas del invierno manchego. Prefiere hábitats áridos o semiáridos, es decir, con poca humedad. Es especialmente activa en verano, cuando se alimenta de pequeños insectos y arañas que captura al acecho con sus patas anteriores. Se sirve para ello de la fuerza pues no está dotada de ningún veneno y es totalmente inofensiva para el hombre (como todos los mantodeos) al contrario de lo que algunos de mis paisanos (amparándose en mitos populares) defienden con fervor.

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